Buscar este blog

jueves, 24 de noviembre de 2011

No siempre el pasado es malo

¿Qué tan profunda es la brecha del tiempo que dos amigos crean al dejarse de ver por años y años? Quién sabe…  Pero si dicha brecha se enlaza con un puente verdadero y comprensivo, quedaran salvadas muchas deudas.
Este librito que es “lento pero seguro” conmemora simbólicamente “el puente”, carnal, de esa grandiosa relación preparatoriana que algo nos dejó, mucho ó poco, algo.
Bifurcaciones, disyuntivas, encrucijadas, simplemente caminos divergentes; ciudades distintas, pero creo que la esencia ahí está, formándose en la intangibilidad del “hotmail” y una que otra llamada.
¿A saber de cuándo nos volveremos a topar? No importa, siempre y cuando perdure esa otredad por querer no desaparecer de la memoria individual.
Dublineses te va a encantar, disfrútalo y abrázalo. Cuídate mucho y ojalá no pase tanto tiempo entre encuentro y encuentro.
Buena vibra.
Buen camino.

Debido a trabajo, obligaciones y muchos diversos placeres, el tiempo que le he estado dedicando a la lectura se ha reducido mucho. Otra de las razones es sin duda mi renuencia a adquirir nuevo material, no por falta de interés, sino por el interés de adquirir un sinfín de otras cosas, de destinar los recursos en objetos que no han sido libros.
Precisamente al buscar algo para leer en mi modesta biblioteca, me encontré con Dublineses, de James Joyce. El 19 de abril del 2007, el libro llego a mis manos a manera de regalo de parte de Daniel Vargas, sujeto flacucho de estatura media, piel clara y cabello oscuro y alborotado.  Nos vimos ese sábado en la mañana, en el Museo de Antropología. No nos habíamos visto en casi 4 años.
Daniel fue mi compañero de clase en la preparatoria, y aún es un muy valioso amigo, un hermano a toda prueba. Me encuentro aquí, casi 5 años después de ese, nuestro último encuentro,  y sin haber cruzado una sola palabra con él en todo lo que va del año, y aún siento la entera confianza de llamarlo mi hermano.
Desde el principio conectamos sin problemas; mismos intereses, mismos gustos, mismo sentido del humor algo retorcido. Sin duda ideales y mentalidades muy similares; rápidamente nos convertimos, como dicen en el gringo, “Kindred Spirits”, o como me gusta pensarlo a mí, somos de la misma raza. Es una de las personas que me ha animado a no dejar de escribir, a no dejar de leer, a no dejar de expandir mi mente, mis horizontes, mi conocimiento…  mi sabiduría.
La última vez que nos vimos, ese 19 de abril de 2007, me regalo Dublineses de James Joyce, y en la primera pagina me regaló las líneas con las que abrí esta entrada,  y que al volverlas a encontrar, volverlas a leer, traen a mi alma la cálida sensación  de la alegría. El libro nunca lo leí, lo deje guardado, esperando. ¿A qué? Sinceramente no lo sé, no sé si alguna vez lo supe, pero si fue así, pues lo olvide hace mucho tiempo.
En realidad ya no tiene importancia. He encontrado de nuevo el libro (y ahora si lo estoy leyendo), y redescubierto que “el puente” sigue ahí, erguido alto, fuerte, solido. Puesto que no sé cuando pueda volver a ver a mi hermano, por el momento me conformo con leer sus letras, y dejo que me den la confianza necesaria para seguir adelante, para no rendirme ante nada, pues me recuerdan que a pesar de que las cosas se vean mal, no estoy solo.
En lo que se refiere a ti, mi hermano, pues decirte que te extraño y que espero volver a reunirnos muy pronto, lo más pronto posible.
Y para todos mis amigos, mis “verdaderos amigos”, los dejo con las palabras de Dan. Buena Vibra. Buen Camino.

No hay comentarios: